Hace unos días platicando con mi esposa me
recomendó escribir un blog sobre los retos que enfrentamos los padres que
estamos a cargo del cuidado de nuestros hijos y más aún, las complicaciones que
surgen cuando es una niña.
En un principio me pareció una
idea absurda, aunque más bien creo que me dio miedo el simple hecho de pensar
que alguien leyera mis historias o peor aún que nadie lo hiciera.
Pensándolo mejor decidí
aventurarme y utilizar este blog como un medio de catarsis e incluso como un
medio para protestar por la falta de consideración de algunas empresas, así que
aquí voy.
Soy padre de una niña de dos
años tres meses, cuando cumplió los 6 meses de edad, renuncie a mi trabajo para
cuidarla; una decisión bastante complicada para mí, sin embargo la mejor que he
tomado en mi vida.
Ningún trabajo, puesto o
remuneración se compara con la fortuna de ver crecer día con día a tu hija,
tener la oportunidad de estar ahí para ella, disfrutar de sus besos y abrazos a
cada instante, verla dormir o incluso recostarla sobre tu pecho para que logre
conciliar el sueño, aunque esto signifique no poder ir al baño por un buen
rato, por miedo a que se despierte.
La razón que me motivo a
escribir este primer artículo solo por llamarlo de algún modo, es que ahora que
mi hija es más consciente de su entorno y me cuesta mucho contener mi enojo en
algunas situaciones.
Hace una semana en un arranque
aventurero fuimos a preguntar sobre los costos en un club deportivo (@SportiumClub) y para sorpresa de nuestra familia,
terminamos inscritos en ese momento; digo momento aventurero porque mi esposa es mucho de planear y hacer
números.
El tener que cambiar a mi hija sobre las
bancas de por sí ya es incómodo y si a esto le sumamos el exponerla a un grupo
de hombres galanes de la tercera edad, luciendo sus trajes de Adán, bastante
panzones y un poco arrugados que platican sobre sus conquistas en las tiendas
departamentales y sus discusiones con las “ballenitas” así les llaman a las
señoras con las que comparten el carril en su clase de natación; lo complica aún
más. Cabe señalar que no me asusta la manera de hablar de estas personas, pero
es un ambiente que no quiero que mi hija conozca, por lo menos por un buen
rato.
Otro problema que encontré son las regaderas, que
si te bañas solo están excelentes, la presión del agua es muy fuerte cosa que
para una niña de dos años no es nada cómoda, además que la temperatura no se
mantiene estable, supongo que es por el sistema (push botón) creo que así se llama, aprietas el botón y
solo tarda unos segundos en detener el flujo de agua.
La falta de cambiadores es un caso recurrente en
muchos establecimientos; para mi sorpresa en el Hospital Ángeles, en la Ciudad
de Puebla (@hospitalangeles) no he encontrado un solo cambiador en los sanitarios para hombres; algunas
sucursales del restaurante Toks (@ToksMx) me ha pasado lo mismo, he tenido que cambiarle el pañal a mi hija
estando de pie en el baño para discapacitados o incluso en el lavabo, solo por
mencionar algunos.
Se habla mucho sobre la equidad de género, sobre la
inclusión para personas con discapacidad, sin embargo se olvidan que cada día hay
más papás que nos involucramos en la crianza de nuestros hijos.
En algunos lugares he visto espacios que
les llaman Family Room, en lo personal me parece un concepto genial.
Espero que este artículo llegue a los oídos
indicados y se tomen acciones ya que estoy seguro que no soy el único que me he
visto en esta situación.
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